Las Malvinas: cuando la informalidad laboral ignora la Seguridad y Salud en el Trabajo

Reflexión sobre que estamos haciendo a favor de la formalidad laboral y la seguridad y salud en el trabajo
17 de enero de 2026 por
Miguel Egúsquiza García
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El candado no se cerró solo. Alguien decidió que debía cerrarse. Alguien consideró que era aceptable encerrar a dos jóvenes trabajadores en un almacén sin ventilación, sin rutas de escape y rodeado de material combustible. Esa decisión no fue técnica, fue directiva. Fue una decisión de liderazgo.

En la galería Nicolini, conocida como Las Malvinas, la seguridad nunca fue una prioridad estratégica. No porque no existieran normas, sino porque quienes dirigían el negocio eligieron no cumplirlas. La Seguridad y Salud en el Trabajo fue vista como un obstáculo operativo, un costo innecesario, algo que podía postergarse mientras el negocio siguiera funcionando.

Desde la mirada preventiva, los riesgos eran evidentes. Cualquier líder con un mínimo conocimiento de gestión empresarial podía reconocerlos: ambientes cerrados, carga combustible elevada, instalaciones precarias, ausencia de planes de emergencia. Sin embargo, el liderazgo decidió convivir con el riesgo. Decidió normalizarlo. Decidió transferirlo a los trabajadores.

Cuando el incendio comenzó, no falló un procedimiento. Falló el liderazgo. No había planes porque nadie los exigió. No había capacitación porque nadie la consideró importante. No había rutas de evacuación porque alguien decidió que no eran necesarias. Cada ausencia fue el reflejo de una decisión tomada en un nivel superior.

La Ley 29783 es clara cuando establece que el empleador tiene el deber de proteger la vida y la salud de los trabajadores. Pero la ley no habla solo de empresas como entes abstractos. Habla de personas que dirigen, que ordenan, que autorizan y que permiten. En el caso Las Malvinas, el liderazgo conocía las condiciones inseguras y aun así permitió que continuaran.

Durante años, muchos líderes empresariales en el Perú han creído que la Seguridad y Salud en el Trabajo puede delegarse por completo, tercerizarse o reducirse a documentos. Este caso demostró lo contrario. La responsabilidad es personal, directa y no transferible. No se diluye en la informalidad ni se esconde detrás de la estructura organizacional.

La sentencia de 30 años de prisión dejó un mensaje contundente: cuando el liderazgo ignora deliberadamente los riesgos, la consecuencia puede ser penal. No se trató de un error aislado ni de una omisión menor. Se trató de una conducta sostenida, basada en la lógica de maximizar beneficios a costa de la seguridad de las personas.

En prevención decimos que la cultura de seguridad comienza en la alta dirección. En Las Malvinas, esa cultura nunca existió porque el liderazgo nunca la quiso construir. Se toleraron prácticas inseguras, se ignoraron advertencias implícitas y se aceptó el riesgo como parte del negocio. Ese fue el verdadero origen de la tragedia.

Después del incendio, muchos hablaron de informalidad, de falta de fiscalización, de pobreza. Pero el problema central fue otro: la ausencia de liderazgo responsable. Porque incluso en contextos informales, un líder puede decidir no encerrar a personas, puede decidir abrir una puerta, puede decidir proteger.

El fallo judicial marcó un antes y un después porque señaló con claridad que los líderes responden por las consecuencias de sus decisiones. No basta con decir que no sabían. No basta con delegar. No basta con culpar al sistema. Cuando se lidera, se asume responsabilidad sobre las vidas que dependen de esas decisiones.

Hoy, el caso Las Malvinas interpela directamente a gerentes, dueños y directivos. Les recuerda que cada atajo en seguridad, cada riesgo ignorado y cada decisión orientada solo al beneficio económico puede convertirse en una tragedia irreversible. La prevención de riesgos laborales no es una opción ética secundaria; es una obligación inherente al rol de liderazgo.

Nada devolverá la vida a los jóvenes que murieron encerrados. Pero su historia dejó una lección que ningún líder debería ignorar: la Seguridad y Salud en el Trabajo comienza y termina en la toma de decisiones desde la alta dirección y toda aquella persona líder que tiene personas a su cargo. Cuando el liderazgo falla, el sistema falla. Y cuando el sistema falla, las consecuencias no son administrativas. Son humanas. Y, como ya ha quedado demostrado, también penales.

Este relato no busca conmover únicamente. Busca advertir. Porque cada líder que hoy decide postergar la seguridad repite, en silencio, el mismo camino que llevó a Las Malvinas. Y el Perú ya ha dejado claro que ese camino tiene un final que nadie debería querer enfrentar.

Miguel Egúsquiza García 17 de enero de 2026
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