Foto: América TV
Los incendios industriales no solo destruyen infraestructura. También exponen la verdadera madurez preventiva de una organización, la capacidad de respuesta de sus brigadas, la calidad de sus sistemas contra incendio, el nivel de coordinación con proveedores y autoridades, y la forma en que la empresa ha identificado los riesgos que genera dentro y fuera de sus instalaciones.
El reciente incendio ocurrido en una zona industrial de Lurín debe ser leído por las empresas peruanas no como un hecho aislado ni como una noticia ajena, sino como una advertencia concreta: toda organización que almacena, transforma, transporta, manipula o concentra materiales, equipos, energía, sustancias, residuos, combustibles, repuestos, envases, cartón, plástico, madera, textiles, llantas, gases, productos químicos o carga logística puede enfrentar una emergencia de gran impacto si no gestiona sus riesgos de manera preventiva.
Este blog no busca analizar ni juzgar a la empresa afectada. Las causas de una emergencia deben ser determinadas por las autoridades competentes y por una investigación técnica. El objetivo es otro: ayudar a que otras empresas no enfrenten una situación similar. Para ello, es necesario entender que la gestión de emergencias no empieza cuando aparece el fuego, el humo, la fuga o la explosión. Empieza mucho antes, cuando la organización diseña sus procesos, define sus almacenes, instala sus tableros eléctricos, compra sustancias químicas, contrata proveedores, capacita al personal, mantiene sus equipos, evalúa a sus vecinos industriales y actualiza su matriz de riesgos.
En seguridad y salud en el trabajo, la emergencia es el resultado visible de una cadena de fallas que casi siempre pudo ser anticipada. Puede haber fallas de diseño, incompatibilidad de materiales, mantenimiento deficiente, desorden, sobre almacenamiento, trabajos en caliente sin control, tableros eléctricos saturados, falta de ventilación, ausencia de detección temprana, brigadas sin entrenamiento, rutas de evacuación bloqueadas, planos desactualizados, sistemas contra incendio que no operan por falta de presión o energía, o una dependencia excesiva de la respuesta externa. Cuando varias de estas condiciones se combinan, el incidente deja de ser un evento controlable y se convierte en una crisis.
Prevención y mitigación no son lo mismo
Muchas empresas confunden prevención con mitigación. La prevención busca evitar que la emergencia ocurra. La mitigación busca reducir sus consecuencias cuando la emergencia ya se inició. Ambas son necesarias, pero deben gestionarse de forma integrada.
Prevenir un incendio implica controlar las fuentes de ignición, ordenar los materiales combustibles, mantener instalaciones eléctricas seguras, almacenar correctamente sustancias incompatibles, capacitar al personal, controlar contratistas, prohibir prácticas inseguras y mantener operativos los sistemas de detección y extinción.
Mitigar un incendio implica tener brigadas entrenadas, alarmas funcionales, rutas despejadas, extintores adecuados, redes de agua contra incendio, hidrantes disponibles, puntos de reunión, comunicación interna, contacto con bomberos, procedimientos de evacuación, control de accesos, cierre de suministros críticos, atención de primeros auxilios, continuidad operativa y comunicación con partes interesadas.
Una organización madura no espera que la emergencia la obligue a aprender. Se adelanta. Identifica sus escenarios críticos, los simula, los mide, los corrige y los vuelve a evaluar. La pregunta clave no es “¿tenemos extintores?”, sino “¿nuestro sistema completo funcionaría bajo presión real, con humo, cortes de energía, personal nervioso, visitas, contratistas, vehículos, materiales inflamables y riesgo de propagación?”.
El primer error: tener una matriz de riesgos incompleta
En muchas empresas, la matriz IPERC se limita a las actividades rutinarias del trabajador: uso de herramientas, manipulación de cargas, tránsito peatonal, operación de máquinas, limpieza, trabajos en altura o exposición a ruido. Eso es importante, pero insuficiente. Una emergencia de gran magnitud rara vez se explica solo por una tarea puntual. Generalmente involucra condiciones acumuladas del proceso, del edificio, del entorno, de los materiales, de los servicios auxiliares y de terceros.
Por eso, el mapeo de riesgos debe ampliarse. No basta con identificar peligros dentro del puesto de trabajo. La empresa debe mapear riesgos internos y externos. Los riesgos internos son aquellos generados por la propia operación: almacenamiento, procesos productivos, sustancias, electricidad, combustibles, residuos, equipos, presión, temperatura, mantenimiento, trabajos no rutinarios, contratistas y cultura operativa.
Los riesgos externos son aquellos que pueden afectar a la empresa desde fuera: incendios en predios vecinos, fugas de gas cercanas, falta de hidrantes públicos, congestión vehicular que retrasa la llegada de bomberos, sismos, inundaciones, deslizamientos, conflictos sociales, cortes de energía, interrupción de agua, fallas en proveedores críticos o emergencias en parques industriales compartidos.
Cuando la empresa no evalúa ambos frentes, su plan de emergencia queda incompleto. Puede tener brigada, pero no haber evaluado que el predio vecino almacena materiales inflamables. Puede tener extintores, pero no contar con reserva de agua. Puede tener señalización, pero no haber considerado que en una emergencia el humo bloqueará la ruta principal. Puede tener un plan escrito, pero no saber cómo actuar si el incendio se origina fuera de sus instalaciones y amenaza con propagarse.
Cómo mapear los riesgos internos de emergencia
El mapeo interno debe realizarse con una mirada técnica, multidisciplinaria y documentada. No debe ser una inspección visual rápida ni un formato llenado por cumplimiento. Debe involucrar a seguridad y salud en el trabajo, mantenimiento, operaciones, almacén, logística, recursos humanos, medio ambiente, seguridad patrimonial, comité o supervisor SST, brigadistas y, cuando corresponda, especialistas externos.
El primer paso es levantar un inventario real de peligros. Esto incluye materiales combustibles, inflamables, reactivos, corrosivos, oxidantes, tóxicos, gases comprimidos, fuentes de calor, equipos eléctricos, tableros, transformadores, montacargas, cargadores de baterías, compresores, calderas, hornos, soldadura, corte, esmerilado, cocinas, almacenes temporales, residuos peligrosos, residuos comunes, zonas de embalaje, racks, oficinas, archivos, comedores, vestuarios, estacionamientos y áreas de contratistas.
El segundo paso es identificar escenarios de emergencia, no solo peligros aislados. Por ejemplo: incendio en almacén de cartón; incendio por cortocircuito en tablero principal; fuga de gas; derrame químico con vapores; explosión por acumulación de gases; incendio por trabajo en caliente; incendio en unidad de transporte dentro del patio; incendio externo con propagación por viento; colapso parcial por sismo; derrame de combustible durante abastecimiento; falla de bomba contra incendio por corte eléctrico; bloqueo de salida por caída de materiales; intoxicación por humo; evacuación de personas con movilidad reducida.
El tercer paso es estimar consecuencias. Aquí se debe analizar la posible afectación a personas, infraestructura, continuidad operativa, ambiente, comunidad, clientes, cadena de suministro, reputación y cumplimiento legal. Un incendio pequeño puede ser crítico si ocurre cerca de sustancias incompatibles, si se ubica en una ruta de evacuación, si compromete tableros eléctricos o si afecta un único equipo clave para la producción.
El cuarto paso es evaluar controles existentes. La empresa debe preguntarse si sus controles son suficientes, confiables y mantenidos. Un extintor vencido no es un control. Una alarma que nadie escucha no es un control eficaz. Una brigada que no practica no es una capacidad real. Una bomba contra incendio sin energía de respaldo puede fallar cuando más se necesita. Un plano de evacuación desactualizado puede confundir en vez de orientar. Una hoja de seguridad archivada, pero desconocida por el personal, no protege a nadie.
El quinto paso es definir controles adicionales bajo jerarquía de control. Primero debe eliminarse o reducirse el peligro cuando sea posible. Luego sustituir materiales menos peligrosos, rediseñar almacenes, separar incompatibles, instalar barreras físicas, mejorar ventilación, implementar detección temprana, automatizar cortes de energía o gas, instalar sistemas de supresión, mejorar orden y limpieza, controlar permisos de trabajo, capacitar, señalizar y supervisar.
Cómo mapear los riesgos externos
El mapeo externo es una de las prácticas más descuidadas en las empresas. Muchas organizaciones solo miran hacia dentro de su cerco perimétrico, cuando en realidad una emergencia puede originarse en el entorno. En zonas industriales, parques logísticos o conglomerados empresariales, el riesgo es compartido. Lo que almacena, fabrica o descarga una empresa vecina puede impactar directamente en las demás.
Para mapear riesgos externos, la empresa debe elaborar un mapa de entorno. Este debe identificar colindantes, giros de negocio cercanos, materiales que podrían representar riesgo, estaciones de servicio, redes de gas, subestaciones eléctricas, almacenes de residuos, talleres, vías de acceso, hidrantes públicos, canales, zonas de alto tránsito, viviendas cercanas, colegios, centros médicos, cuerpos de agua, áreas de evacuación y puntos de reunión externos.
También debe evaluarse la disponibilidad de recursos externos. ¿Cuál es la compañía de bomberos más cercana? ¿Cuánto demoraría en hora punta? ¿Las vías permiten ingreso de unidades pesadas? ¿Hay hidrantes operativos cerca? ¿Existen restricciones por tráfico, obras, rejas, accesos estrechos o vehículos estacionados? ¿La empresa cuenta con directorio actualizado de emergencia? ¿Existe coordinación con la administración del parque industrial o con empresas vecinas?
El análisis externo debe incluir escenarios de propagación. Un incendio vecino puede trasladarse por radiación térmica, chispas, humo, explosiones, colapso estructural, viento, materiales combustibles compartidos o falta de separación entre edificaciones. Por ello, no basta con que una empresa tenga controles internos. Debe conocer qué tan expuesta está frente a emergencias cercanas.
Una buena práctica es realizar reuniones periódicas de coordinación entre empresas vecinas para compartir información mínima de emergencia: contactos, sustancias críticas, puntos de corte, rutas de ingreso, recursos contra incendio, brigadas disponibles y protocolos de comunicación. Esto no implica revelar información confidencial del negocio, sino establecer condiciones básicas para proteger vidas y reducir daños.
El plan de emergencia debe ser operativo, no decorativo
Muchas empresas tienen un plan de emergencia solo para cumplir auditorías, inspecciones o requisitos documentarios. Está impreso, firmado y archivado, pero no necesariamente es conocido, probado ni actualizado. Un plan así no salva vidas.
Un plan de emergencia eficaz debe ser simple, específico y accionable. Debe decir qué hacer, quién lo hace, con qué recursos, desde dónde, en qué tiempo, con qué comunicación y bajo qué criterio se escala la emergencia. Debe contener escenarios claros, roles definidos, directorio actualizado, planos de evacuación, ubicación de equipos, rutas, zonas seguras, procedimientos de alarma, protocolos de primeros auxilios, control de visitantes, atención de contratistas, comunicación con familias, interacción con bomberos, control de suministros críticos y criterios de retorno seguro.
Además, debe integrarse con la continuidad del negocio. Luego de controlar la emergencia, la organización debe saber cómo recuperar operaciones críticas, proteger registros, atender clientes, comunicar a autoridades, gestionar residuos, investigar causas, reparar instalaciones, reponer inventarios, reubicar procesos y cuidar la salud física y mental de los trabajadores afectados.
La emergencia no termina cuando se apaga el fuego. Continúa en la investigación, la remediación, la recuperación, la comunicación y la mejora del sistema de gestión.
Controles críticos que toda empresa debería revisar
Toda organización debería realizar una revisión preventiva de controles críticos. Primero, instalaciones eléctricas. Tableros, cables, empalmes, sobrecargas, puesta a tierra, termografía, mantenimiento, ordenamiento de cables y protección contra humedad o polvo. Un alto porcentaje de incendios empresariales se relaciona con fallas eléctricas, malas prácticas o mantenimiento deficiente.
Segundo, almacenamiento. Los materiales deben estar segregados según compatibilidad, inflamabilidad, carga combustible y condiciones de ventilación. No se debe almacenar sin criterio técnico ni ocupar pasillos, salidas, tableros, gabinetes contra incendio o rutas de evacuación. El crecimiento del negocio no puede justificar el sobrealmacenamiento inseguro.
Tercero, sustancias químicas. Toda empresa que use productos químicos debe contar con inventario actualizado, etiquetas, fichas de datos de seguridad, compatibilidad química, bandejas de contención, ventilación, equipos de protección, capacitación y protocolos ante derrames, fugas o exposición. No basta con comprar el producto; hay que gestionar su ciclo completo: recepción, almacenamiento, uso, traslado interno, residuos y disposición final.
Cuarto, sistemas contra incendio. Extintores, gabinetes, rociadores, detectores, alarmas, luces de emergencia, bombas, cisternas, hidrantes internos, válvulas, mangueras y señalización deben mantenerse operativos. El mantenimiento debe probar funcionamiento real, no solo existencia física.
Quinto, permisos de trabajo. Trabajos en caliente, eléctricos, altura, espacios confinados, izaje, excavaciones, mantenimiento no rutinario y trabajos con contratistas deben contar con autorización, análisis previo, supervisión y cierre seguro. Muchas emergencias se originan durante actividades no rutinarias porque se rompe la operación normal y se introducen fuentes de ignición o condiciones no controladas.
Sexto, brigadas. La brigada debe estar entrenada según escenarios reales de la empresa. No todas las brigadas requieren el mismo nivel, pero todas deben conocer alarma, evacuación, primeros auxilios, uso de extintores, comunicación y límites de intervención. Una brigada no debe exponerse a riesgos que superen su capacidad. Su función principal es responder en fase inicial, evacuar, comunicar y apoyar a los servicios especializados.
Séptimo, simulacros. Un simulacro no debe ser una marcha ordenada para cumplir una fecha. Debe probar hipótesis: salida bloqueada, trabajador lesionado, visitante perdido, fuga química, corte de energía, humo en pasillo, incendio externo, comunicación fallida, brigadista ausente. Cada simulacro debe generar hallazgos, acciones correctivas y responsables.
La gestión documental debe reflejar la realidad
Un riesgo frecuente en auditorías y asesorías es encontrar documentos impecables, pero desconectados de la operación. La matriz IPERC dice una cosa, el plano muestra otra, el almacén está distribuido distinto, el inventario químico no coincide, los extintores fueron reubicados, el personal nuevo no fue capacitado y los contratistas no conocen las rutas.
La documentación debe ser una herramienta viva. Cada cambio en layout, proceso, materia prima, equipo, turno, proveedor, volumen de almacenamiento, ruta logística, producto químico, energía, estructura o cantidad de trabajadores debe activar una revisión de riesgos. Esto es gestión del cambio. Sin gestión del cambio, la empresa opera con una fotografía antigua de su riesgo actual.
La gestión del cambio debe responder preguntas concretas: ¿qué cambió?, ¿qué nuevos peligros aparecen?, ¿qué controles existentes dejan de ser suficientes?, ¿qué capacitación se requiere?, ¿qué permisos o requisitos legales aplican?, ¿qué impacto tiene en emergencia?, ¿debo modificar planos, rutas, señalización, brigadas, equipos o procedimientos?
Tecnología e IA para anticipar emergencias
La tecnología puede fortalecer la prevención si se usa con criterio técnico. Hoy las empresas pueden implementar inspecciones digitales, códigos QR para reporte de condiciones inseguras, tableros de seguimiento de acciones correctivas, sensores de temperatura, monitoreo de tableros eléctricos, cámaras analíticas, inventarios digitales de sustancias químicas, mantenimiento preventivo automatizado, mapas de calor de incidentes, checklists móviles, alertas por vencimiento de extintores, control digital de permisos de trabajo y plataformas de capacitación.
La inteligencia artificial puede apoyar en la detección de patrones: zonas con mayor recurrencia de observaciones, equipos con fallas repetitivas, áreas con retraso en acciones correctivas, almacenes con mayor carga combustible, contratistas con desviaciones frecuentes, horarios con más incidentes o condiciones previas a fallas. Sin embargo, la IA no reemplaza el criterio del especialista ni la responsabilidad de la empresa. La tecnología debe convertir datos en decisiones preventivas.
Una empresa que registra observaciones pero no las analiza sigue siendo reactiva. Una empresa que analiza tendencias puede anticiparse. La diferencia no está en tener más formatos, sino en transformar información en control.
Conclusión: la emergencia que no ocurre es el mejor resultado
El incendio de Lurín debe recordarnos que la prevención no puede depender de la suerte. Las empresas deben pasar de una seguridad documental a una seguridad operacional. Deben dejar de preguntarse si cumplen con tener extintores, señalización y planes, y empezar a preguntarse si sus controles funcionarían durante una emergencia real.
Mapear riesgos internos y externos es una necesidad estratégica. Una empresa puede generar riesgos desde sus procesos, pero también puede verse afectada por riesgos del entorno. Si no mira ambos lados, su preparación será parcial. La mitigación eficaz requiere anticipación, recursos, entrenamiento, liderazgo, tecnología, disciplina operativa y mejora continua.
La mejor emergencia es la que nunca ocurre. Pero si ocurre, la empresa debe estar preparada para proteger la vida, controlar el evento, reducir daños, comunicarse adecuadamente y recuperar sus operaciones. En seguridad y salud en el trabajo, prevenir no es solo cumplir la ley. Es tomar decisiones responsables antes de que una emergencia demuestre todo lo que no se hizo a tiempo.
Mitigación de emergencias empresariales: cómo evitar que un incendio se convierta en una crisis mayor